Lo anunció con contundencia el periódico francés Le Parisien: ya no habría más encuestas de intención de voto. En su lugar, las páginas del diario se centrarán en reportajes en profundidad sobre el ánimo de los votantes.

Esta decisión sin precedentes en el periodismo galo y en el del resto del mundo se tomó después del triunfo del Brexit, en Reino Unido, y de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Ambas victorias, totalmente imprevisibles en las encuestas de opinión realizadas con anterioridad.

El director de Le Parisien, Stephane Albouy, no quiere enfrentamientos ni debates. Tampoco pone en duda la calidad de las encuestas, pero sí afirma que “en lugar de hablar de los errores de las encuestas de opinión, hemos decidido volver a la esencia de nuestra profesión: salir a la calle, cerca de las personas. No estoy atacando a las encuestas de opinión“- añade-“no hacen su trabajo mal. Dan una  instantánea. El problema es la forma en la que los medios de comunicación la utilizan”.

De esa misma opinión es José Pablo Ferrándiz, investigador principal de Metroscopia, quien afirmó que “los sondeos preelectorales nunca fallan porque no se hacen para adivinar resultados. Se hacen para detectar tendencias y creo que ahí todos han acertado”, en referencia a las últimas encuestas publicadas para la jornada electoral en España del 20 de diciembre de 2015.

Carlos Clavero, director del Instituto DYM, también asegura que “para respetar la herramienta de las encuestas es básico que todos los actores, los que producen, analizan y difunden, tengan un conocimiento de las limitaciones y del alcance de la técnica y se abstengan de elaborar juicios perniciosos y perversos. Con esta reflexión no pretendo eximir de las responsabilidades a las ‘casas de encuestas’, sino asumir que las no coincidencias se seguirán produciendo en todos los países, en muchas encuestas y por muchos años”.

¿Mala praxis por parte de los medios de comunicación? ¿Intencionalidad editorial? ¿Nueva tendencia? ¿Falta de voluntad de las empresas de encuestas electorales por defender con purismo sus resultados y metodología? ¿Reducción de costes (como aseguran algunos detractores de la decisión de Le Parisien)? Sea como sea, y a pesar de las pocas ganas de polemizar de Albouy, el debate está servido. El primer divorcio aún no se ha producido a este lado de los Pirineos, pero quizá sea solo cuestión de tiempo.

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