La reunión anual del World Economic Forum se ha centrado en un tema extremadamente oportuno: el liderazgo receptivo y responsable. Y nuestra presidenta mundial Barri Rafferty, testigo y parte activa de ello, ha compartido sus reflexiones y conclusiones sobre el tema.

En medio del gran descontento de los ciudadanos de todo el mundo con sus líderes, tanto políticos como económicos, estamos a punto de presenciar una transformación. Por otro lado, para los propios líderes también surge la cuestión de cómo ser eficaces y estar seguros de ser escuchados.

Con la Cuarta Revolución Industrial de tecnologías convergentes como telón de fondo, el debate en Davos permitirá a líderes de todas las industrias y culturas redefinir nuevas metas, tácticas y normas, necesarias para gestionar con decisión a una comunidad de stakeholders cada día más escéptica.

Pero sin una comunicación efectiva y auténtica, esa agenda de liderazgo será recibida con más desconfianza.

Falta de responsabilidad y confianza

Los líderes inteligentes desde siempre han aprovechado la comunicación y sus técnicas para conseguir sus objetivos. Julio César era un orador excelente que pronunciaba discursos demagógicos – a veces incluso en el mismo campo de batalla – que incitaban a sus soldados a la guerra. Winston Churchill, que sufría trastornos del lenguaje, practicaba incesantemente y se expresaba con frases cortas y declarativas. Sus emisiones de radio levantaban la moral de los británicos en plena Segunda Guerra Mundial.

Los líderes de hoy tienen a su disposición una gran variedad de opciones para transmitir su mensaje: desde discursos a posts en blogs; pasando por Facebook Live, asambleas virtuales o Twitter.

Entonces, ¿por qué nuestros líderes generan tanta desconfianza y no gustan en general? Ya descubrimos en el Ketchum Leadership Communication Monitor de 2016, que el 63 % de las personas encuestadas en los cinco continentes cree que los políticos han defraudado las expectativas depositadas en ellos. Además, solo el 23 % opina que los líderes en general son eficaces.

Todo esto apunta a que un componente clave en la desilusión generalizada en el liderazgo es la cada vez más amplia diferencia entre lo que los líderes hacen y las expectativas que establecen previamente. El escepticismo se hace más evidente – solo el 31 % cree que los líderes en general comunican eficazmente, un 6 % menos que en nuestro primer estudio en 2012.

Y sin embargo, con tantas herramientas y canales a su disposición, muchos líderes están aparentemente desconectados de sus audiencias. Utilizando nuestro  propio estudio como guía, estos son algunos puntos que nuestros líderes podrían tener en cuenta:

Ser más humanos y accesibles

Entre los siete rasgos principales que las personas desean en un líder, hay varios específicamente vinculados a la comunicación: hablar con un lenguaje cotidiano (86 %), pedir perdón por los errores cometidos (82 %),  decir lo que piensan (66 %). Comunicar de forma regular, y con un lenguaje sencillo es un gran paso para captar la atención y el respeto de los stakeholders.

Ser mujer

Vale, esto es una broma (en realidad, una “medio broma”). Los líderes femeninos sacan mejores notas en las respuestas de los encuestados. Un 52 % cree que las mujeres son más ejemplares, y  el 59 % opina que son mejores comunicando de forma abierta y transparente. La lección que se extrae de aquí no es necesariamente de género: se trata más bien del impacto positivo que tiene la comunicación abierta, honesta y consistente, tanto en los buenos tiempos como en los malos.

Ser más humilde

Incluso los líderes más reconocidos y admirados son imperfectos. Aquellos que admiten sus fallos (y se esfuerzan por enmendarlos), transmiten pasión por los temas importantes, aprecian los puntos de vista de otros, y expresan su visión de forma directa, y así infunden confianza, respeto y generan buen entendimiento.

Comunicar – pronto y a menudo

No todos los líderes son Julio César ni Winston Churchill – la clave es encontrar qué herramientas, estrategias y canales de comunicación, únicas y efectivas, funcionan mejor para cada individuo.

Los debates de Davos seguramente no han desvelado la panacea para nuestra crisis de confianza en el liderazgo. Solo los propios líderes pueden salvar esa diferencia entre lo que prometen y lo que hacen, gobernando con convicción moral, de forma responsable y con una comunicación oportuna. Esta será la forma de ganar la admiración –y el apoyo–    de unos ciudadanos hambrientos de autenticidad.

*texto basado en el post ‘It’s Time to Close the Gap Between What Leaders Say and What They Do’, escrito por Barri Rafferty, presidenta mundial de Ketchum, para Ketchum Blog

 

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