Carmen QueipoPor Carmen Queipo de Llano, Directora Corporativa de Comunicación y Marca de SEUR –En los últimos años no hemos dejado de escuchar que cada día crece más una generación ni-ni, que ni estudia ni trabaja, ni se compromete ni aporta a la sociedad. Que vivimos un periodo en el que la juventud está desencantada, que no tiene empuje.

Nada más lejos de la realidad. Según las últimas cifras del INE, el número de matriculados universitarios creció un 3,1%, y aunque sabemos que la formación universitaria tal y como está planteada hoy en día no es la panacea, mucha teoría pero poca realidad empresarial, no encaja con el estereotipo del joven español que se está creando. A su vez, el Informe Randstad 2013 recientemente publicado concluye que los jóvenes de 18-39 años se sienten más atraídos por las empresas que ofrecen oportunidades de carrera globales y buena formación, lo que contradice nuevamente el patrón de joven español que se supone predomina actualmente.

Lo que sí es cierto es que el complejo español ha sido siempre grande, y asumir el rol de hijo desvalido frente a su homólogo europeo ha estado a la orden del día y debemos ayudar a los más jóvenes a superar esa etiqueta.

Contamos con una juventud formada, entusiasta y con ganas de comerse el mundo pero que vive uno de las etapas económicas más complejas de la historia de nuestro país. Como directivos y compañías tenemos el deber de brindar oportunidades de desarrollo a los jóvenes y nuestra obligación es generar un entorno en el que el talento se pueda desarrollar. Todos hemos vivido la inexperiencia, las dudas, el miedo a fallar, pero las compañías y los jefes- y digo jefes porque estoy orgullosa de todas las personas a las que llamo así y que han contribuido a mi desarrollo profesional- que han sabido orientarnos y sobre todo, que nos han dado el espacio para equivocarnos, para innovar, para buscar alternativas, son los que ayudan a construir un nuevo escenario y a potenciar el talento.

Pero, ¿cómo definimos el talento? Según la RAE es la inteligencia, la capacidad para desempeñar una ocupación. Una de sus acepciones, que proviene del griego, significa “plato de balanza”. Esta última definición, aunque simbólica, es un claro reflejo de la esencia del talento: la combinación de lo racional – el conocimiento, la capacidad de análisis, la planificación-; y el factor emocional – la creatividad, la innovación, la flexibilidad.

La oportunidad de fomentarlo está en nuestras manos, en las manos de todas las personas que gestionamos un equipo, porque lo bueno del talento es que se aprende, pero debe ser ejercitado y tenemos que generar las mejores condiciones para que se desarrolle.

Tenemos una cantera importante de jóvenes que quieren que salgamos de nuestra zona de confort, que preguntan, que se aproximan a los proyectos con una visión distinta, que quieren avanzar, ¿estamos preparados para darles la oportunidad que se merecen? .Por supuesto, espero que vuestra respuesta sea SÍ.

Carmen Queipo de Llano

Directora Corporativa de Comunicación y Marca de SEUR

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