Por Aurora García, Directora Asociada de Ketchum Pleon.

Con ocasión del patrocinio de nuestra agencia, por segundo año consecutivo,  de la competición española de Young Marketers para Cannes,  me he puesto a reflexionar sobre un tema que nos trae de cabeza en la profesión desde el “Principio de los tiempos”.

Y eso que la palabra briefing ni siquiera existe en español. Sin embargo, en el mundo de la comunicación y el marketing utilizamos este anglicismo todos los días, casi siempre para quejarnos de lo complicado que es elaborarlo o lo difícil que resulta interpretarlo, según seamos cliente o agencia. Todos somos conscientes de su importancia, pero no siempre estamos de acuerdo sobre cómo debe ser, qué debe incluir e incluso para qué sirve (o debería servir).

Hay muchas teorías que plantean las 7 claves, los 9 pasos, los 12 consejos…o el decálogo infalible para hacer buen briefing. Están los que defienden que se entregue información exhaustiva, detallada y abundante,  y también está la corriente que aboga  es una concisión casi minimalista, que permita avanzar rápida y resolutivamente, directamente al grano, a partir, eso sí,  de un enfoque previo del cliente.

Personalmente, soy más partidaria de esta segunda vía, la de la brevedad ya implícita en el propio término,  con documentación complementaria y a demanda de las necesidades concretas. Pero en realidad es cuestión de opiniones, del tipo la relación existente y, sobre todo, de lo que funcione mejor. Ésa es la gran clave. Así de sencillo.

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